Los relojes públicos más extraños del mundo
No todos los relojes sirven sólo para dar la hora: algunos cuentan historias, otros se comen el tiempo, hay quien los planta como jardines y otros que parecen sacados de una película. Los relojes públicos son puntos de referencia, obras de arte y, en algunos casos, extravagancias mecánicas que desafían la idea de un simple segundero. Aquí tienes un recorrido por varios de los relojes más curiosos y sorprendentes que puedes encontrar dando una vuelta por el planeta.
Praga: el Orloj, el reloj medieval que parece un teatro
En el casco antiguo de Praga está uno de los relojes astronómicos más famosos del mundo. Más que un reloj, el Orloj es una combinación de calendario, mecanismo astronómico y teatro público: cada hora salen pequeñas figuras animadas (los “apóstoles” y otros personajes) y la fachada se llena de movimiento. Su aspecto medieval, sus inscripciones y la precisión con la que marca posiciones astronómicas lo convierten en una visita hipnótica para quien disfruta de la relojería antigua y del espectáculo popular.
Cambridge: el Corpus Clock y su «devorador de tiempo»
En la fachada de un edificio universitario sobresale un reloj moderno que no pasa desapercibido: una esfera dorada salpicada por láminas de metal que se mueven al ritmo de un insecto mecánico. Conocido como el Corpus Clock, su autor lo diseñó con una criatura a modo de grillo o saltamontes mecánico que “camina” sobre el cronómetro devorando el tiempo. Está pensado como una reflexión sobre la fugacidad y la precisión, y su presencia en un entorno clásico crea un contraste que sorprende a los visitantes.
Olomouc: el reloj astronómico de estilo socialista
La ciudad de Olomouc, en la República Checa, alberga otro reloj astronómico, pero de estética muy distinta a la de Praga. Tras la Segunda Guerra Mundial fue reconstruido con una estética que recuerda al realismo socialista: en lugar de santos y figuras medievales, aparecen trabajadores y escenas del mundo obrador. El resultado es un reloj público que refleja la historia reciente de la ciudad y que demuestra cómo estas piezas pueden adaptarse al lenguaje visual de su tiempo.
Ginebra y Viña del Mar: relojes hechos de flores
La relojería no siempre pasa por engranajes y metal: en Ginebra y en la costera Viña del Mar (Chile) hay relojes que son jardines. El famoso reloj floral de Ginebra, situado en un parque junto al lago, usa plantas y flores para componer la esfera: cambia con las estaciones y celebra la tradición relojera suiza desde una perspectiva botánica. En Viña del Mar ocurre algo parecido: la esfera es un mosaico vivo de plantas que atrae tanto a turistas como a fotógrafos. Son relojes que miden el tiempo y también la paciencia del jardinero.
Berna: el Zytglogge, una máquina con funciones teatrales
El Zytglogge es la torre reloj de Berna y un buen ejemplo de cómo un reloj público puede convertirse en uno de los símbolos de una ciudad. Además de marcar las horas, integra figuras y escenas animadas que se accionan a determinadas horas y que atraen a visitantes que se agrupan para ver el espectáculo. Es un recordatorio de que durante siglos estos relojes fueron mucho más que indicadores: eran relojes-atracción y punto de encuentro social.
Munich: el Glockenspiel que reescribe la historia en figuras
En la plaza central de Múnich, el carrillón del Neues Rathaus (el Ayuntamiento Nuevo) ofrece diariamente una representación en la que figuras a tamaño real recrean episodios históricos y bailes tradicionales. La música, las campanas y las figuras hacen del Glockenspiel un curioso híbrido entre reloj y teatro mecánico. Para muchos turistas es la excusa perfecta para esperar en la plaza y ver cómo la ciudad revive pequeñas escenas del pasado.
Viena: el Ankeruhr, desfile de personajes históricos
El Ankeruhr, un reloj en estilo Art Nouveau situado sobre un puente entre dos edificios, encierra una fila de personajes históricos que desfilan ante el público a medida que pasan las horas. Cada figura va acompañada de música y de una estética muy cuidada: es una pieza que combina arquitectura, relojería y narración visual. Verlo es asomarse a una galería de retratos móviles que cuenta la historia de la ciudad.
La Meca: el reloj gigante que domina el skyline
Cerca de la Gran Mezquita, un enorme complejo urbano incorpora una torre con esferas de reloj colosales visibles desde mucha distancia. Es una intervención contemporánea que convierte el reloj en señal urbana a gran escala: las esferas iluminadas y los motivos decorativos lo hacen reconocible a kilómetros. Más allá de su tamaño, llama la atención por el uso del reloj como punto de referencia para millones de visitantes.
Elogio de lo raro: ¿por qué construimos relojes así?
Los relojes públicos han sido durante siglos piezas de prestigio: se ponían en plazas para organizar la vida colectiva, para ostentar capacidad técnica o simplemente para hacer espectáculo. En épocas sin relojes personales, el reloj de la ciudad marcaba el ritmo del trabajo y del culto. Más tarde, con la relojería popular, algunos relojes se convirtieron en muestras de creatividad: el floreado, el teatral o el monstruoso responden a distintas necesidades estéticas, sociales o conmemorativas. También sirven hoy como iconos turísticos y como recordatorio de que el tiempo es, además de un dato, una idea susceptible de interpretación.
Consejos para verlos en persona
- Infórmate de los horarios: muchos relojes ofrecen espectáculos a horas concretas (por ejemplo, a mediodía) y la experiencia suele ser más intensa si llegas unos minutos antes.
- Piensa en contexto: algunos relojes (como los astronómicos) incorporan símbolos religiosos o históricos. Conocer un poco la historia local añade capas de significado.
- Respeta el entorno: muchos de estos relojes están en plazas históricas o en edificios monumentales; cuida el lugar y no te acerques si hay indicaciones de precaución.
- Fotografía con criterio: la mayoría de estos relojes son muy fotogénicos, pero intenta aprovechar también la experiencia en vivo, sin pasar todo el tiempo tras la cámara.
¿Son estos relojes fiables para saber la hora?
En general, los relojes públicos modernos están sincronizados y ofrecen una hora razonablemente precisa. Los relojes históricos, en cambio, tenían y tienen variaciones propias del mecanismo: muchos han sido restaurados y adaptados para mejorar su precisión, pero su valor suele ser más cultural que técnico.
¿Por qué algunos relojes tienen figuras que se mueven?
Las figuras móviles —autómatas— son sucesores de una larga tradición que combina entretenimiento, simbolismo y tecnología. En la Edad Media y en los siglos posteriores servían para ilustrar relatos religiosos, históricos o mitológicos, y para atraer a la gente al espacio público. Son relojes y, a la vez, pequeñas máquinas teatrales.
¿Se pueden visitar por dentro?
Depende del reloj. Algunos, especialmente los situados en ayuntamientos o torres, ofrecen visitas guiadas a su maquinaria; otros sólo se pueden observar desde el exterior por razones de conservación o seguridad. Si te interesa, consulta la web del monumento o las oficinas de turismo locales.
¿Cuál es el reloj público más extraño que existe?
La respuesta es subjetiva: para unos será el que tiene un insecto mecánico que “come” segundos, para otros el que cambia su rostros con flores o el que exhibe figuras de obreros en lugar de santos. La singularidad depende de la mezcla entre la estética, la historia y la función que cada ciudad quiso darle.
