Las líneas de tren más extrañas que todavía funcionan

Las líneas de tren más extrañas que todavía funcionan

Las líneas de tren más extrañas que todavía funcionan

Los trenes nos suelen evocar vagones interminables, grandes estaciones y trayectos monótonos. Pero en el mundo existen líneas tan raras, singulares o impostadas contra la gravedad que parecen sacadas de una película. Algunas nacieron por necesidad, otras por ingenio; muchas sobreviven hoy gracias al turismo y a la pasión de aficionados. Aquí tienes un recorrido por varias de las vías más insólitas que siguen operativas en pleno siglo XXI.

Pilatusbahn (Suiza): la cremallera que desafía las laderas

Subir al Pilatus significa afrontar una pendiente que, a ojos de un tren convencional, sería un muro. La Pilatusbahn es una línea de cremallera que escala la montaña del Pilatus, cerca de Lucerna. Su fama se debe a las pendientes extremas que salva mediante un sistema de dientes metálicos (cremallera), algo que convierte al trayecto en una experiencia más parecida a una montaña rusa pausada que a un viaje ferroviario estándar. El paisaje alpino y la sensación de trepar una pendiente casi vertical hacen que muchos pasajeros viajen solo por la experiencia.

Reisszug al fuerte de Hohensalzburg (Austria): una reliquia que aún sube mercancías

En lo alto de Salzburgo se encuentra una fortaleza a la que, desde hace siglos, hay que llegar por una vía muy especial: el Reisszug. Se trata de un pequeño transporte por cable que, en sus orígenes, servía para abastecer la fortaleza. Lo curioso es que, pese a su aspecto casi medieval, sigue utilizándose para mover mercancías y mantenimiento. Por su antigüedad y continuidad de uso, suele aparecer en listas de las líneas más antiguas aún en funcionamiento.

Darjeeling Himalayan Railway (India): el «toy train» con carácter

En las colinas de Darjeeling, en el noreste de India, se conserva una red de vías estrechas que serpentean por pendientes y curvas cerradas, uniendo pueblos y estaciones con locomotoras que parecen sacadas de un diorama. Conocida como el «toy train» de Darjeeling, esta línea destaca por su ingeniosa adaptación al terreno: zigzags, horquillas y cambios de sentido que permiten salvar grandes desniveles con vías muy estrechas. Además de su valor histórico y técnico, el encanto del viaje, con vistas a las montañas y al carácter local, la hace especialmente atractiva para viajeros curiosos.

Ferrocarril de Sóller (Mallorca, España): tranvía entre montañas

En pleno Mediterráneo, el Ferrocarril de Sóller comunica Palma con el Valle de Sóller atravesando la Serra de Tramuntana. Lo notable no es solo su recorrido montañoso, sino que se trata de una línea eléctrica y histórica que mantiene coches antiguos de madera y estética de principios del siglo XX. El tren, que parece haber permanecido anclado en el tiempo, ofrece un contraste raro: un transporte público funcional que es al mismo tiempo un museo en movimiento y una experiencia turística imprescindible en la isla.

Katoomba Scenic Railway (Australia): subir por la cara de un acantilado

En las Blue Mountains, cerca de Sídney, hay una atracción que no encaja con la idea tradicional de ferrocarril: un tren inclinado que asciende por la ladera de una montaña casi como si fuera un ascensor inclinado. Lo que originalmente fue una vía destinada a la industria minera se transformó en un transporte de pasajeros que ofrece vistas espectaculares del valle y una sensación vertiginosa por la inclinación del trayecto. Su fama radica en combinar adrenalina y paisaje en pocos minutos.

Gornergrat Bahn (Suiza): tren hasta el balcón del Matterhorn

Otro ejemplo alpino: el Gornergrat Bahn sube desde Zermatt hasta un mirador natural con una de las mejores panorámicas del Matterhorn. Se trata de una cremallera de alta montaña que atraviesa túneles y estaciones a gran altitud; lo llamativo es la percepción de aislamiento y de “tramo final” que recuerda a esos ferrocarriles diseñados exclusivamente para contemplación y reto técnico, más que para conectar grandes ciudades.

Great Orme Tramway (Reino Unido): un tranvía de cable en la cima

En la costa galesa, el Great Orme Tramway es una rareza: un tranvía de cremallera y cable que asciende al promontorio de Great Orme. Lo especial no es solo el sistema de tracción —poco habitual hoy en día— sino la sensación de viajar en una reliquia práctica que aún es parte del transporte local y turístico. En un paseo corto se mezclan historia, ingeniería victoriana y vistas sobre el mar de Irlanda.

Ffestiniog Railway (Gales): el trazado de la pizarra que resiste

Originada para transportar pizarra desde las canteras hasta el puerto, la Ffestiniog Railway es una de las líneas en vía estrecha más antiguas del mundo que sigue operando con locomotoras históricas. Hoy su valor es tanto patrimonial como turístico: trayectos en trenes que parecen sacados de otra época, a través de valles y viaductos, conservando técnicas y material que la convierten en una experiencia poco habitual para el viajero moderno.

¿Por qué sobreviven estas líneas “extrañas”?

Las razones son variadas: algunas siguen siendo útiles para conectar zonas de difícil acceso; otras subsisten por interés turístico o patrimonial; y varias se mantienen gracias a asociaciones de aficionados y esfuerzos de conservación. Además, muchas de estas vías ofrecen experiencias que no puede reproducir un coche o un autobús: la propia tecnología, el paisaje y el factor histórico crean un valor intangible que atrae público.

¿Qué tipos de ingeniería las hacen tan singulares?

Hay varias soluciones técnicas que las distinguen: cremallera o “rack” para salvar pendientes extremas; funiculares y trenes inclinados accionados por cables; vías estrechas para adaptarse a terrenos empinados y curvas cerradas; y locomotoras antiguas o eléctricas históricas que, al mantenerse en servicio, proyectan una estética distinta a la de la red ferroviaria convencional.

¿Son seguras para los viajeros?

En general, sí. Las líneas turísticas o patrimoniales que hoy funcionan suelen estar sometidas a las regulaciones y mantenimientos necesarios. Muchas han sido modernizadas en aspectos de seguridad sin perder su carácter histórico. No obstante, como en cualquier transporte, es recomendable informarse sobre horarios, condiciones meteorológicas en trayectos de alta montaña y normas de los operadores.

¿Puedo visitarlas todas en un mismo viaje?

Depende del tiempo, el presupuesto y las distancias: algunas están relativamente cerca entre sí (por ejemplo, las suizas), mientras que otras están en continentes distintos. Lo mejor para quien busque un “tour de trenes raros” es elegir una región —Alpes, Reino Unido, India— y planificar con calma para disfrutar no solo del trayecto, sino del entorno y de las poblaciones que sirven.

¿Qué las hace relevantes hoy más allá del turismo?

Además del valor cultural y turístico, muchas de estas vías son testimonios vivos de soluciones de ingeniería adaptadas a paisajes difíciles. Conservan técnicas y conocimientos que, por su singularidad, son valiosos para la historia tecnológica. En algunos casos, también siguen siendo rutas prácticas para comunidades locales, lo que les otorga un papel funcional además del patrimonial.

Si te apasiona viajar con un punto de sorpresa, estas líneas son una invitación a buscar la carretera secundarias del ferrocarril: esas vías donde la tecnología antigua, el paisaje extremo y la historia se mezclan para ofrecer algo que no se vive en los corredores convencionales. ¿Cuál te gustaría probar primero?