Sábado, 24 de octubre de 2026
Historia y cultura

Cómo se construían los sótanos de las casas antiguas

Cómo se construían los sótanos de las casas antiguas

Los sótanos de las casas tradicionales no son meros huecos debajo del suelo: son pequeñas máquinas arquitectónicas pensadas para conservar alimentos, mantener la temperatura, almacenar vino y, en ocasiones, servir como refugio. Si alguna vez te has preguntado cómo lograban mantener secos y frescos esos espacios con herramientas y materiales sencillos, prepárate: la respuesta mezcla piedra, barro, manos expertas y trucos que hoy nos parecen artesanales pero eficaces.

Un vistazo histórico y funcional

Antes de la industrialización los sótanos se concebían alrededor de necesidades concretas: conservar la cosecha, proteger alimentos y bebidas de la oscilación térmica, almacenar carbón o leña y, en zonas expuestas, actuar como refugio. No todos los sótanos eran iguales: en pueblos de ladera se excavaban en la roca; en zonas llanas se levantaban con muros de piedra o ladrillo y bóvedas para sostener el peso de la vivienda.

La técnica variaba según el terreno, la disponibilidad de materiales y la tradición local. Eso explica por qué en algunas comarcas abundan bodegas excavadas en arenisca, en otras prefieren muros de mampostería y en ciertas ciudades hay sótanos con bóvedas de ladrillo perfectamente ejecutadas.

Materiales habituales

  • Piedra natural: sillarejo, sillería o mampostería. Muy usada en zonas con cantera cercana.
  • Ladrillo macizo: para muros y especialmente para bóvedas y arcos.
  • Argamasa de cal: el mortero a base de cal era el aglutinante preferido por su flexibilidad y transpirabilidad.
  • Madera: para cimbras (cofias o encofrados temporales) y andamiaje.
  • Grava y canto rodado: como capa de drenaje y base.
  • Materiales impermeabilizantes rudimentarios: mezclas de alquitrán, pez o capas de arcilla compactada en contextos donde se requería mayor estanqueidad.

Cómo se excavaba y cimentaba

El proceso comenzaba por el trabajo de tierra: se excavaba hasta la cota deseada, a pico y pala, con la ayuda de carretillas y, cuando era posible, con animales de tiro. Si el suelo era rocoso, se picaba la roca o se aprovechaba una cavidad natural.

Una vez definida la planta, se realizaba la zanja de cimentación. En construcciones tradicionales la cota de cimentación quedaba sobre roca firme o sobre una base compactada de grava. Sobre esa base se levantaban muros perimetrales con un núcleo de mampuesto irregular y caras exteriores mejor trabajadas, clavando las piezas con mortero de cal.

Mampostería y el truco del “núcleo relleno”

Un recurso muy común era la mampostería de doble cara: se colocaban dos paramentos de sillares o ladrillos y el hueco entre ambos se rellenaba con bolos y escombros ligados con mortero. Esta técnica ofrecía robustez y ahorro de material noble, y además las paredes gruesas ayudaban a estabilizar la temperatura interior.

Bóvedas y cubiertas: la solución para sostener la casa

Para sostener el forjado de la vivienda se recurría a soluciones abovedadas. Las más frecuentes:

  • Bóveda de cañón: un arco contínuo que cubre el espacio. Muy estable y habitual en bodegas y sótanos con forma alargada.
  • Bóveda de arista: resulta de la intersección de dos bóvedas de cañón y permite cubrir plantas cuadradas o rectangulares con buena distribución de cargas.
  • Bóveda catalana (o tabicada): en zonas del este se utilizaba una bóveda con capas de ladrillo plano y mortero rápido, más delgada y ligera que las bóvedas tradicionales.

La ejecución de una bóveda requería una cimbra de madera, sobre la que se colocaban los ladrillos o piedras hasta que el mortero fragilizaba. Después, la cimbra se retiraba y la bóveda trabajaba por compresión, transmitiendo las cargas laterales a los muros.

Control de la humedad: el eterno desafío

La humedad lateral (capilaridad) y el agua de escorrentía son los enemigos naturales de cualquier sótano. Las soluciones tradicionales no contaban con membranas modernas, así que se recurría a métodos sencillos pero efectivos:

  • Empleo de zócalos de piedra y mortero de cal, que permiten cierta transpiración y evitan el sellado que empuja la humedad a otras zonas.
  • Capa de grava bajo el suelo para permitir drenaje y evitar que agua acumulada suba por capilaridad.
  • Sumideros y conductos de desagüe para canalizar agua fuera del hueco.
  • Colocación de barreras como capas de arcilla compactada o mezclas de alquitrán en casos puntuales donde era necesario impedir filtraciones directas.

Además, la propia masa de la pared y el enterramiento contribuían a estabilizar la temperatura y la humedad relativa, creando condiciones idóneas para conservar vino, conservas y alimentos secos.

Ventilación y accesos

Los sótanos tradicionales no estaban herméticamente cerrados. Se diseñaban troneras de ventilación, rejillas o bocas de aireación en fachadas y patios que permitían renovar el aire. A veces se combinaban con pozos de ventilación que conectaban con patios interiores.

El acceso solía ser a través de escaleras de piedra que servían también como amortiguador térmico: una escalera de peldaños anchos reduce la entrada brusca de calor y mantiene condiciones más estables.

Variaciones regionales

Las técnicas variaban notablemente según la orografía y los recursos locales. En zonas de ladera era habitual excavar la roca y rematar con un falso muro; en lugares con abundancia de cantos rodados se usaba mampostería irregular; en áreas con producción de ladrillo, las bóvedas de ladrillo se popularizaron por su economía y la facilidad de ejecución.

También influyó la tipología de uso: las bodegas para vino requerían temperatura constante, mientras que los sótanos para carbón o almacenamiento de utensilios podían ser más sencillos y menos acabados.

Herramientas y mano de obra

La construcción descansaba en el oficio: picapedreros, canteros y albañiles formaban equipos que, con herramientas tradicionales (picos, palas, cinceles, mazos, carretillas y cimbra de madera), levantaban muros y bóvedas con precisión. El oficio transmitido de maestro a aprendiz era clave: hacer una buena bóveda no tiene atajos.

Restaurar un sótano antiguo: qué mirar hoy

Si tienes un sótano antiguo en casa, antes de tocar nada conviene identificar cómo está construido. Algunas pautas prácticas:

  • Revisa grietas y asientos diferenciales: si aparecen en bóvedas o muros pueden indicar problemas de cimentación o empuje lateral.
  • Observa trazas de humedad y eflorescencias salinas: las sales solubles vienen con el agua y degradan los materiales.
  • Comprueba la ventilación y la existencia de desagües: su ausencia suele ser la causa de malos olores y humedades persistentes.
  • Consulta a un técnico antes de forzar estructuralmente la bóveda: sustituir o abrir un hueco sin rediseñar las cargas puede ser peligroso.
  • En restauraciones, preferir materiales compatibles (cal frente a cementos modernos) evita problemas de impermeabilidad y retracción.

Curiosidades y anécdotas

Muchas bodegas antiguas tienen nichos y alacenas embutidos en las paredes para guardar botellas o útiles, aprovechando la masa de la muralla. En otros lugares se tallaban escaleras «de diente» en la roca para ahorrar espacio. Y no es raro encontrar en los sótanos restos de antiguas chimeneas de humo para curar carnes o piezas metálicas de época, señales de los usos múltiples que tuvieron estos espacios.

¿Por qué siguen siendo valiosos los sótanos antiguos?

Porque son estructuras que ofrecen una envolvente térmica natural difícil de replicar con soluciones modernas sin un gran coste energético. Además, desde el punto de vista patrimonial conservan técnicas constructivas y saberes locales que merecen preservación. Con prudencia y respeto por su materialidad, muchos sótanos pueden adaptarse a nuevos usos sin perder su carácter.

¿Cómo puedo mejorar la habitabilidad de un sótano sin cargarse la estructura?

Mejorar la habitabilidad pasa por ventilar, gestionar las humedades, colocar un pavimento de desagüe con camada de grava y una solera ventilada si es necesario, y tratar la superficie con materiales transpirables como pinturas minerales o morteros de cal. Evita insertar forjados pesados o abrir huecos en bóvedas sin supervisión técnica.

¿Qué diferencias hay entre un sótano excavado en roca y uno construido con muros?

Un sótano excavado en roca aprovecha la estabilidad de la propia roca como soporte y ofrece buena inercia térmica y resistencia. Los de muros requieren cimentación y muros robustos para soportar empujes y cargas superiores, así como mayor atención a la estanqueidad en contacto con el terreno.

¿Es peligroso reformar un sótano antiguo por tu cuenta?

Meterse a reformar sin asesoramiento puede ser arriesgado: tocar la bóveda, eliminar un pilar o abrir huecos en muros portantes puede comprometer la estabilidad. Para cambios significativos es aconsejable contar con un profesional (arquitecto técnico o aparejador) que evalúe la estructura.

¿Qué señales indican que un sótano necesita intervención urgente?

Grietas crecientes, desprendimientos de yeso o mampostería, acumulación evidente de agua, deformaciones en puertas o marcos superiores, y olores a humedad persistentes son avisos de que conviene intervenir cuanto antes para evitar daños mayores.

¿Se pueden modernizar los sótanos manteniendo su carácter histórico?

Sí. La clave está en compatibilidad material y reversibilidad de las intervenciones: emplear cal en lugar de cementos impermeables, mantener la morfología de bóvedas y huecos, y utilizar soluciones técnicas que no alteren las cargas ni la permeabilidad de las paredes. Así se logra confort contemporáneo sin borrar la historia del espacio.

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