Durante la pandemia más devastadora de la Edad Media, la peste negra, surgió una figura que aún hoy genera fascinación: los doctores de la peste. Reconocibles por su máscara en forma de pico, estos médicos eran contratados por ciudades enteras para atender a los infectados, realizar estadísticas, e intentar contener la propagación de la enfermedad.
Su vida no era solo peligrosa, sino también solitaria, mal remunerada y muchas veces inútil ante la falta de conocimientos médicos de la época.
¿Qué era la peste negra?
La peste negra fue una pandemia de peste bubónica que asoló Europa, Asia y África en el siglo XIV, matando a más de 25 millones de personas en Europa, cerca de un tercio de su población. La enfermedad era causada por la bacteria Yersinia pestis, transmitida por las pulgas de las ratas.
En este contexto, los gobiernos y comunidades desesperadas recurrieron a médicos especializados o voluntarios: los famosos doctores de la peste.
¿Quiénes eran los doctores de la peste?
Contrario a lo que se cree, no todos eran médicos calificados. Muchas veces eran jubilados, estudiantes o incluso charlatanes, ya que los médicos de verdad preferían huir o no arriesgarse. Los municipios contrataban a estos doctores para atender a los enfermos más pobres, ya que los ricos podían pagar atención privada.
Sus funciones eran múltiples:
Visitar y examinar a los infectados.
Registrar muertes y síntomas.
Realizar autopsias o estudios primitivos.
Ayudar a redactar testamentos.
A veces, hacer cuarentenas o aislamientos.
¿Por qué llevaban esa máscara con pico?
El traje del doctor de la peste es uno de los más icónicos de la historia. Fue diseñado por Charles de Lorme en el siglo XVII, aunque se asocia con la peste negra del XIV por influencia de ilustraciones posteriores. Incluía:
Una máscara con pico, que se llenaba de hierbas aromáticas (romero, lavanda, menta) para filtrar el aire “contaminado”, ya que se creía que la peste se propagaba por el “miasma” (mal aire).
Lentes de cristal oscuro, para proteger los ojos.
Un abrigo de cuero o cera, impermeable, que cubría todo el cuerpo.
Guantes, sombrero y bastón, que usaban para tocar al paciente sin contacto directo.
Este atuendo no era efectivo contra la bacteria, pero sí ayudaba a evitar contagios por contacto, aunque los médicos seguían siendo extremadamente vulnerables.
¿Cómo vivían estos doctores?
La vida de un doctor de la peste era solitaria y temida. La gente los respetaba, pero también los evitaba. Muchos morían en el ejercicio de su trabajo, y quienes sobrevivían solían quedar marcados psicológicamente.
A menudo vivían aislados, con bajos salarios, y sus contratos incluían poco apoyo real si enfermaban. Algunos incluso fueron atacados o culpados de propagar la peste.
El legado de los doctores de la peste
Aunque sus métodos eran rudimentarios y a veces inútiles, los doctores de la peste representan uno de los primeros intentos organizados de salud pública en Europa. También dejaron registros médicos y observaciones que luego servirían para el desarrollo de la medicina moderna.
Hoy, su imagen forma parte del imaginario colectivo, especialmente en festivales históricos, literatura gótica y hasta en la cultura pop.












