En plena primavera política de 2025, el Gobierno de España, a través del Ministerio de Juventud e Infancia que dirige Sira Rego, ha vuelto a agitar el tablero con una propuesta que no deja indiferente a nadie: rebajar la edad de votación de los 18 a los 16 años. Una medida que, según dicen, busca “ampliar derechos democráticos” a los jóvenes. Pero que, en realidad, huele más a estrategia electoral que a preocupación por la juventud.
La propuesta está incluida en el borrador de la futura Ley de Juventud y Justicia Generacional, y se espera que llegue al Consejo de Ministros antes del verano. La intención es clara: modificar la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) para que más de un millón de jóvenes de 16 y 17 años puedan votar en futuras elecciones. ¿Casualidad? No lo parece. En mi opinión, están buscando desesperadamente nuevos votantes que inclinen la balanza a su favor.
¿Una medida progresista o un intento de manipulación electoral?
Desde el oficialismo, especialmente desde el entorno de Sumar y ERC, se vende esta idea como una evolución democrática. Dicen que “los jóvenes ya trabajan, cotizan, pagan impuestos, pueden tener responsabilidades penales… por tanto, también deben poder votar”. Un argumento que puede sonar bonito sobre el papel, pero que esconde un claro interés por captar votos inmaduros, sin formación política sólida ni experiencia vital.
No hay que olvidar que muchos de esos jóvenes aún viven bajo la tutela de sus padres, están influenciados por las redes sociales y por discursos emocionales más que racionales. ¿Es sensato que una persona que aún no ha terminado el bachillerato tenga el mismo peso electoral que alguien que lleva 30 años cotizando?
Un precedente reciente: proposición no de ley aprobada
Ya en junio de 2024, la Comisión de Juventud e Infancia del Congreso aprobó una proposición no de ley promovida por Sumar que instaba al Gobierno a llevar a cabo esta reforma. Aquella iniciativa fue apoyada por PSOE, Sumar, ERC y otros partidos de izquierdas, mientras que PP y VOX votaron en contra, denunciando claramente el intento de manipulación del censo.
Ahora, el Gobierno ha cogido aquella idea y la está plasmando en su nueva ley, que podría estar lista antes del verano. En principio, se baraja que la primera prueba sea en unas elecciones europeas, para luego extenderlo a elecciones generales, autonómicas y municipales.
¿Y si les sale mal?
Aquí es donde viene mi esperanza: ojalá esta jugada política les estalle en la cara. Porque, aunque ellos piensen que los jóvenes de 16 y 17 años votarán en masa a la izquierda, no tienen garantizado nada. De hecho, cada vez hay más jóvenes hartos de discursos vacíos, de políticas identitarias y de ver cómo su futuro se ve hipotecado por decisiones ideológicas.
Muchos adolescentes y jóvenes están despertando y cuestionando el relato oficial, y no es raro ver en redes sociales a chavales defendiendo posturas firmes sobre libertad individual, seguridad, meritocracia o control migratorio… temas en los que partidos como VOX están marcando la agenda. Quién sabe si no estarán creando sin querer una nueva cantera de votantes conservadores.
¿Qué pasaría si VOX se beneficia?
La ironía sería brutal: que la izquierda abra la puerta a los menores de edad esperando una ola de votos rojos y verdes… y que acaben encontrándose con una generación más alineada con VOX que con Podemos. En vez de sumar votos, podrían perder fuerza.
VOX, además, ha sabido conectar con jóvenes que se sienten marginados por el relato de lo políticamente correcto. No les hablan con condescendencia, sino con mensajes claros y directos sobre empleo, vivienda, seguridad o el futuro de España.
La juventud no es tonta
Reducir a todos los jóvenes a votantes de izquierda es un error. Muchos chicos de 16 años tienen más sentido común que algunos ministros, y saben perfectamente que los problemas reales no se resuelven con pancartas, sino con políticas serias.
Por eso, si al final se aprueba esta reforma, ojalá se vuelvan las tornas. Que se les dé voz a los jóvenes… y esa voz castigue a quienes han usado su edad como peón político. Y si eso significa que VOX gana más peso en el Congreso gracias al voto juvenil, que así sea. Se lo habrán buscado.













