Cuando vas al supermercado en busca de fresas jugosas o verduras frescas, es posible que pases por alto el pasillo de los alimentos congelados. Y no es raro que pienses —con bastante lógica— que el proceso de congelación podría quitarles parte de su valor nutricional.
Es cierto que nada parece tan saludable como lo fresco, pero también hay que tener en cuenta que lo «fresco» es un término relativo. Muchas frutas y verduras han sido cosechadas días (o incluso semanas) antes, han viajado largas distancias, han pasado tiempo en los estantes y aún pueden permanecer varios días más en tu nevera antes de ser consumidas. Durante todo ese tiempo, también pierden nutrientes.
Por otro lado, los productos congelados suelen ser más económicos, más duraderos y están disponibles todo el año. Gracias a las técnicas modernas de congelación rápida, los alimentos se procesan poco después de ser cosechados, lo que ayuda a preservar su valor nutricional. A diferencia de lo que muchos creen, no se utilizan sustancias químicas para este proceso.
La congelación, además, detiene el deterioro causado por microbios y enzimas, dos enemigos naturales de frutas y verduras, que pueden perder humedad y calidad nutricional rápidamente tras la cosecha. De hecho, investigaciones demuestran que los alimentos congelados pueden igualar e incluso superar a los frescos en ciertos aspectos.
Por ejemplo, los guisantes verdes pierden más de la mitad de su contenido de vitamina C en las primeras 24 a 48 horas después de la recolección. En un estudio que comparó ocho tipos de frutas y verduras (como maíz, brócoli, espinaca, zanahorias, guisantes, fresas y arándanos), no se encontraron diferencias nutricionales significativas entre sus versiones frescas y congeladas.
Incluso, en algunos casos, los productos congelados ofrecían mejores resultados: el maíz congelado y los arándanos congelados tenían más vitamina C que sus equivalentes frescos. El brócoli congelado contenía más riboflavina (vitamina B2), aunque en el caso de los guisantes, la versión fresca sí era superior en ese aspecto. También se analizaron niveles de fibra y minerales como calcio, magnesio, zinc y hierro, sin que hubiera grandes diferencias entre versiones frescas y congeladas.
En resumen, si te preocupa perder nutrientes al elegir productos congelados, puedes estar tranquilo. En muchos casos, la diferencia es mínima o incluso inexistente, y la comodidad, accesibilidad y durabilidad hacen del congelado una opción totalmente válida y saludable.













