En medio de siglos de guerras civiles, traiciones y emperadores crueles, la historia del Imperio romano también conoció un periodo de esplendor y buena administración. Este periodo fue liderado por los llamados Cinco Buenos Emperadores, una sucesión de gobernantes sabios y justos que reinaron entre los años 96 y 180 d.C. Su gobierno trajo estabilidad, expansión pacífica y desarrollo cultural.
¿Por qué se les considera «buenos»?
La expresión “Cinco Buenos Emperadores” fue acuñada por el historiador Edward Gibbon, quien los elogió por su liderazgo ilustrado, la ausencia de tiranía y la mejora general de la calidad de vida en el Imperio. A diferencia de otros emperadores romanos, estos no heredaron el trono por lazos familiares, sino que fueron elegidos por mérito, adoptados por sus predecesores por ser considerados los más aptos.
Los cinco emperadores fueron:
1. Nerva (96-98 d.C.)
Elegido por el Senado tras el asesinato de Domiciano, Nerva restauró relaciones con la aristocracia y sentó las bases de un gobierno más moderado. Aunque su reinado fue breve, su decisión más importante fue adoptar a Trajano como sucesor, asegurando así una transición estable.
2. Trajano (98-117 d.C.)
Bajo el gobierno de Trajano, el Imperio romano alcanzó su máxima expansión territorial. Fue un gran administrador y militar, conocido por sus campañas en Dacia y por construir obras públicas como el Foro de Trajano. Era tan respetado que el Senado lo saludaba con la frase:
«Feliz como Augusto, mejor que Trajano».
3. Adriano (117-138 d.C.)
Adriano, sobrino adoptivo de Trajano, abandonó las conquistas para consolidar el imperio. Viajó extensamente por las provincias y fortaleció las fronteras, construyendo la famosa Muralla de Adriano en Britania. Amante del arte, la filosofía y la cultura griega, es considerado uno de los emperadores más cultos de Roma.
4. Antonino Pío (138-161 d.C.)
Durante el largo reinado de Antonino Pío, el Imperio vivió un periodo de paz y prosperidad sin precedentes. Fue un gobernante justo, que evitó conflictos militares y promovió la ley, el comercio y el bienestar social. Su carácter pacífico le valió el sobrenombre de “Pío”.
5. Marco Aurelio (161-180 d.C.)
El último de los cinco, Marco Aurelio, fue tanto emperador como filósofo estoico. Gobernó en tiempos difíciles, con guerras en las fronteras y plagas, pero se mantuvo fiel a sus ideales. Su obra Meditaciones es un clásico de la filosofía. Aunque fue un gran gobernante, cometió un error al dejar como sucesor a su hijo Cómodo, cuyo gobierno fue desastroso.
El legado de los cinco buenos emperadores
Este periodo es recordado como la etapa más estable y próspera del Imperio romano. Gracias a su enfoque en el mérito, la justicia y el bienestar del pueblo, dejaron un legado de buen gobierno que rara vez se volvió a ver en la historia de Roma.












