Domingo, 25 de octubre de 2026
Historia y cultura

Cómo se descifraron algunos alfabetos antiguos

Cómo se descifraron algunos alfabetos antiguos

Cómo se descifraron algunos alfabetos antiguos

En la historia de la lingüística y la arqueología hay momentos que desprenden la emoción de un buen thriller: alguien encuentra un texto extraño, hay conjeturas, tropiezos, intuiciones brillantes y, finalmente, la llave que abre una civilización. Descifrar un alfabeto o una escritura es mucho más que sustituir símbolos por sonidos: es reconstruir voces perdidas. Aquí tienes un recorrido por algunas de las historias más fascinantes del desciframiento, con sus métodos, personajes y los trucos que usaron los investigadores para romper códigos que parecían eternos.

Rosetta: la piedra que cambió la vista de Egipto

La Piedra de Rosetta, hallada por soldados napoleónicos en 1799 cerca de la ciudad de Rashid (Rosetta), contenía el mismo texto en tres escrituras: jeroglífico, demótico y griego. Esa coexistencia fue la pista decisiva. Como el griego se conocía bien, los estudiosos pudieron comparar frases, identificar nombres propios y comenzar a deducir el valor de los signos egipcios.

Thomas Young realizó avances iniciales, identificando algunos signos fonéticos y la estructura de los cartuchos (los óvalos que encierran nombres reales). Pero fue Jean-François Champollion quien, apoyándose además en el estudio del copto —la última etapa de la lengua egipcia hablada y documentada—, propuso en 1822 que los jeroglíficos combinaban valores fonéticos y logográficos (es decir, signos que representan sonidos y signos que representan ideas o palabras). Esa explicación mixta encajó con los textos y abrió la puerta a la lectura de los monumentos egipcios.

Behistún: el equivalente persa de la Piedra de Rosetta

En una pared monumental tallada en el monte Behistún (actual Irán) hay un gran relieve con un texto trilingüe: persa antiguo, elamita y acadio (babilonio). Fue fundamental porque permitió comparar versiones de un mismo mensaje en lenguas relacionadas y no relacionadas.

El primer paso lo dio Georg Friedrich Grotefend a principios del siglo XIX, al reconocer patrones repetidos que correspondían probablemente a nombres de reyes. Pero la decodificación completa se atribuye a Henry Rawlinson y a otros epigrafistas del Reino Unido que, en las décadas siguientes, copiaron y compararon los textos, empleando la aritmética y el conocimiento de lenguas indoeuropeas para identificar la correspondencia entre signos y sonidos. El trabajo en Behistún fue fundamental para leer la cuneiforme y, por extensión, las lenguas asirias y babilónicas.

Linear B: un rompecabezas griego en clave micénica

Los tablillas en Linear B fueron halladas en palacios micénicos y durante mucho tiempo se creyó que representaban una lengua perdida. La línea maestra aquí es que no siempre hace falta una piedra «trilingüe»: a veces la comparación interna y el sentido práctico de los textos (inventarios, listas de bienes) sirven como pista.

Alice Kober, investigadora estadounidense, estableció patrones morfológicos y un método sistemático de «tripletes» que permitía deducir relaciones entre signos sin conocer sus valores fonéticos. Michael Ventris, arquitecto y aficionado a los idiomas, combinó ese trabajo con observaciones propias y, en 1952, propuso que Linear B representaba una forma temprana de griego (el griego micénico). La hipótesis encajó: muchos topónimos y nombres propios eran reconocibles, lo que validó la lectura y cambió nuestra comprensión de la Grecia preclásica.

Los mayas: del mito de los ideogramas eternos a la lectura histórica

La escritura maya fue durante décadas objeto de teorías contradictorias: unos decían que sólo representaba ideas (logogramas), otros que era fonética. Dos aportes claves cambiaron el panorama. Primero, la «propuesta de sonido» de Yuri Knorozov, que en los años 50 utilizó un alfabeto dejado por el fraile Diego de Landa en el siglo XVI para asignar valores fonéticos a ciertos signos y defendió una lectura silábica-parcial. Segundo, el trabajo de Tatiana Proskouriakoff en los años 50 y 60, que demostró que muchos textos mayas registraban hechos históricos (fechas, ascensos de gobernantes, eventos).

Combinando la fonética propuesta por Knorozov con la identificación de calendarios y eventos históricos, los epigrafistas modernos lograron leer inscripciones que antes parecían misteriosas. Hoy sabemos que los mayas usaban una mezcla de logogramas y signos fonéticos y que muchos textos cuentan historias de linajes y conquistas.

Lo que no se ha descifrado (y por qué)

No todas las escrituras han caído ante la paciencia humana. El sistema del Valle del Indo (script del Indo) y el rongorongo de la Isla de Pascua siguen siendo en gran medida indescifrables. Hay varias razones:

  • Falta de textos largos: la mayoría de los hallazgos son inscripciones breves, lo que dificulta el análisis estadístico.
  • Ausencia de bilingües: no tenemos la equivalente de la Piedra de Rosetta para estas escrituras.
  • Desconocimiento de la lengua subyacente: sin conocer la lengua que reflejaba la escritura, es difícil asignar valores fonéticos fiables.
  • Posible naturaleza no fonética o logo-silábica compleja: algunos sistemas pueden mezclar varios principios o incluso ser más bien mnemónicos o rituales.

Métodos comunes en el desciframiento

¿Qué hicieron en común Champollion, Rawlinson, Ventris o Knorozov? Hay algunas estrategias recurrentes:

  • Buscar textos bilingües o trilingües y compararlos.
  • Identificar nombres propios (nombres de reyes, ciudades) como anclas fiables.
  • Usar lenguas emparentadas o documentos descendientes (por ejemplo, el copto para el egipcio).
  • Analizar la frecuencia y la posición de signos para deducir funciones gramaticales o valores fonéticos.
  • Estudiar el contexto arqueológico: si los textos son listas de alimentos, es más fácil deducir palabras concretas.
  • Construir hipótesis y probarlas: el desciframiento es a menudo trabajo por ensayo y error con comprobaciones cruzadas.

Un dato curioso: la colaboración entre técnicas humanísticas y matemáticas

El análisis de frecuencias, las tablas morfológicas y, hoy, las herramientas informáticas son aliados poderosos. Muchas de las soluciones clásicas nacieron del cruce entre intuición lingüística y trabajo metódico, y actualmente las máquinas pueden acelerar el reconocimiento de patrones. Pero la interpretación final casi siempre requiere el ojo humano para ofrecer sentido histórico y lingüístico.

¿Qué se puede aprender del proceso?

Más allá de las lecturas concretas, estas historias enseñan varias cosas: la importancia de la interdisciplinariedad, la paciencia en el método científico y cómo los prejuicios pueden retrasar avances (por ejemplo, la resistencia inicial a las ideas de Knorozov o la dependencia excesiva de hipótesis erróneas). También muestran que, a veces, el factor decisivo no es una gran herramienta sino la acumulación lenta de datos y la habilidad para ver patrones donde otros ven caos.

¿Por qué nos fascina tanto el desciframiento?

Porque supone recuperar voces extinguidas y cambiar por completo el sentido de objetos mudos: una placa grabada deja de ser adorno y se convierte en palabra, una lista se transforma en memoria. Además, hay un componente detectivesco irresistible: pistas escondidas, falsos positivos y el placer de la revelación final.

¿Por qué algunos desciframientos tardan siglos?

Los obstáculos son variados: destrucción de contextos, archivos fragmentarios, idiomas sin descendientes conocidos y prejuicios académicos. Algunas escrituras necesitan más que herramientas: requieren hallar el documento clave que haga de puente entre lo conocido y lo desconocido.

¿Pueden los ordenadores descifrar una escritura por sí solos?

Las técnicas de inteligencia artificial y minería de datos ayudan mucho a detectar patrones y sugerir hipótesis, pero la interpretación lingüística y la verificación histórica siguen siendo esencialmente trabajo humano. Los ordenadores aceleran, pero no suelen ofrecer la última palabra sin supervisión académica.

¿Qué lectura me recomiendas si quiero profundizar?

Un buen enfoque es empezar por obras divulgativas sobre cada caso: la historia del desciframiento del egipcio y del cuneiforme, relatos sobre Linear B y estudios sobre la escritura maya. Las publicaciones científicas y los museos suelen tener recursos fiables y actualizados para quienes quieran avanzar más allá de la curiosidad inicial.

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