Grigori Rasputín, el mítico místico ruso del siglo XIX, ha sido protagonista de cientos de historias, teorías y escándalos. Pero si hay una leyenda que ha sobrevivido al paso del tiempo, esa es la que gira en torno a su enorme pene, una parte de su anatomía que ha sido objeto de culto, mitos y hasta exhibiciones públicas.
¿Quién fue Rasputín?
Antes de hablar del pene más famoso de la historia de Rusia, pongamos en contexto al personaje. Rasputín fue un místico y autoproclamado sanador que ganó influencia en la corte del zar Nicolás II, gracias a su supuesta capacidad para curar la hemofilia del joven zarevich Alexei. Su influencia sobre la zarina Alexandra y su vida licenciosa hicieron que muchos lo vieran como un charlatán manipulador.
Murió en 1916 asesinado por nobles rusos que lo consideraban una amenaza para el Imperio. La leyenda dice que sobrevivió al veneno, a los disparos e incluso al ahogamiento antes de morir finalmente congelado.
El pene más legendario del siglo XX
Tras su muerte, no tardó en circular el rumor de que Rasputín tenía un pene descomunal, de unos 28 a 30 centímetros, según ciertas fuentes. Pero lo más extravagante llegó cuando apareció, supuestamente, su pene conservado en formol. Algunos aseguran que fue arrancado por sus asesinos y más tarde recogido por seguidores que lo veneraban como un objeto sagrado (sí, como lo oyes).
Durante décadas, se creyó que el miembro viril de Rasputín se encontraba en manos de una secta francesa, y más tarde en un museo privado en San Petersburgo, Rusia. Este museo incluso lo llegó a exhibir en un frasco, donde los visitantes podían contemplar lo que afirmaban que era el fálico relicario del monje loco.
¿Realidad o mito bien colgado?
Expertos han dudado de la autenticidad del objeto. Algunos aseguran que lo que se expone no es un pene humano sino una piel de caballo marino disecada (sí, un pene de morsa). Otros afirman que es simplemente un engaño para atraer turistas morbosos.
Sea como sea, la historia ha quedado grabada como uno de los mitos más curiosos del folclore ruso. Y aunque probablemente nunca sepamos si era real o no, la leyenda del pene de Rasputín sigue viva y bien dotada de misterio.













